HISTORIAS PARA ADOLESCENTES

Las historias de terror para adolescentes son relatos que buscan causar miedo, intriga o suspenso, pero adaptados a una edad en la que ya se puede entender mejor lo misterioso o lo psicológico. Estas historias suelen tener ambientes oscuros, sucesos extraños o leyendas urbanas, y muchas veces hacen reflexionar sobre temas como la curiosidad, el peligro o las decisiones.


HOME

HISTORIAS INFANTILES HISTORIAS PARA ADOLECENTES LEYENDAS MEXICANAS GALERIA DE TERROR

TODO


Vida

—Dios es el primer alfarero —dice papá, y me enseña a amasar el barro para que no queden grumos. Los grumos arruinarían las cosas importantes que hace: platos, fuentes, ollas, macetas. Desde que era más chiquita me gusta verlo trabajar. Dice que enseñarme “el oficio” es un regalo que me hace porque es navidad, pero no, es porque aprendí a sumar rápido y también a leer. —¿El primer alfarero cómo? —pregunto mientras ponemos a secar las piezas antes de llevarlas al horno. Me gusta mucho ver el conejito que modelé al lado de sus cántaros. —¿Cómo? —ríe—. Haciendo con barro al primer hombre —. A veces habla de cosas que no entiendo a propósito, para que no se me vayan las ganas de estudiar—. Lo llamó Adán y es el padre de todos. Se pone serio, creo que piensa en el abuelo. Quiero darle la mano para espantar la tristeza pero está peor. Mira mi conejito que se ha llenado de esa pelusa blanca tan linda y ahora salta para el lado nuestro. Lo alzo, es tibio y suave. —Tocalo papi, no tengas miedo. Patricia Nasello

El basilisco

Es invierno en mi ciudad y parece que nada alterará mi rutina de este frío domingo. Mi heladera casi vacía me dice que me convendría almorzar afuera, pero los cinco grados me acobardan. Hay huevos y queso, además de un yogur vencido y un pedazo de tortilla de espinaca. Elijo los huevos y el queso. Un omelette es una buena opción. El primer huevo que rompo me sorprende sin su yema. En la gelatinosa clara se mueve algo así como una mínima víbora, una rara arañita. No me gusta nada su aspecto. Tendría que tirarlo pero me hipnotiza su lento danzar en la acuosidad pegajosa. En un instante, la viborita se convierte en un horrible bicho semejante a una iguana, un camaleón, una lagartija con un enorme ojo sin párpado que me paraliza. Me doy cuenta de lo que ocurre demasiado tarde y no tengo un espejo a mi alcance para repeler su mirada. Desde entonces ando reptando paredes. Me escondo en los rincones, entre los escombros y observo con mi ojo ciclópeo. Cuando alguien me descubre se persigna y huye espantado. No vaya a ser que mi desgracia lo alcance… aunque no entiendo por qué, si dicen que todo es puro cuento, una leyenda… que no existo… María Belén Alemán

La víctima

Compré espuma suficiente para crear un personaje y dinamizar mis clases en línea. Comencé por el diseño de la cabeza. Los ojos, que me permitían ver a través de ellos, estaban circundados por unas largas pestañas, la boca, carnosa al sonreír, a nivel de sus encías, mostraba unos colmillos desmesurados y amenazantes, y sus fosas nasales daban la sensación caliente de hacer salir fuego de sus entrañas. La espalda, llena de cascos, sostenía los cachos de manera desafiante, y de las garras, salían unas tímidas uñas como invitando a rascarse a quien las mirara. Comencé a pigmentarlo con azules y verdes iridiscentes. Sus ojos color marrón comenzaron a saltar y entonces perdí el dominio de mi mano que, enloquecida, parecía seguir órdenes para que lo terminara de inmediato. Al día siguiente, entusiasmada con mi marioneta y la ilusión de presentársela a mis estudiantes —cuál no fue mi sorpresa— al verlo anclado en las alfardas del techo cuando de manera sarcástica me agradecía: —Gracias. ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! ¡Ahora tú serás mi títere... Patricia Morales Betancourt